Excursión a Madrid: Jardín Botánico y Los Miserables
Escrito por administrador webmaster, viernes 13 de mayo de 2011 , 11:40 hs

7 de mayo, Santa Gisela.

Una nube negra había oscurecido el cielo. Avanzábamos, envueltos en aguacero, por las carreteras de España, camino al centro. Entramos en la Villa del Diluvio a las 11 de la mañana. Al bajar del autobús, los rostros atónitos buscaban otros rostros perplejos. Los ojos hablaban sin palabras:

- ¡Mi madre! ¡Que chaparrón! ¡Buena la hemos hecho!

38 valientes se dispersaron por las calles en busca de un café caliente. En sus mentes una firme determinación:

- Iré al Botánico. Los elementos, la suerte adversa, no quebrantarán mi voluntad. ¡Allá voy!

12 horas:

Dos grupos de sorianos valerosos, desafiando las inclemencias, pisan la grava de los encharcados caminos, sosteniendo sus paraguas.

- ¡Ahí están!

Dijo Carlos III al ver como rodeaban los parterres.

- Ahí están, desafiando al tiempo.

La estatua de Linneo movió levemente la cabeza de arriba abajo:

- ¡Chapeau! Estos son viajeros audaces, si señor, y no turistillas de medio pelo que vienen, a veces, a molestar.

Bajo las copas de los almeces, de los cedros, de los cipreses, los curiosos, aspiraban el aroma de las rosas. Los paraguas se cerraban. Era el triunfo de la audacia sobre la adversa climatología. Las setas devoradoras de madera continuaron su lenta labor. En el ámbito perfumado, las fuentes cantaban. Los guías desvelaban los secretos de las rosas, enebros y sabinas.

La regia fundación del ilustrado Carlos de Borbón cobraba todo su valor: Vivas estaban las plantas de aquel museo al aire libre; vivos los sorianos del Alfar ávidos de conocimiento. El Gingo Biloba depuraba el aire, que quedaba limpio, diáfano y perfumado con el aroma de las flores y de la tierra mojada.

Transportados del gris invernal a los ardientes desiertos de Arizona, los cactus elevaban sus brazos como candelabros. En la aridez del África sahariana vimos flores como piedras. La nuez moscada trepaba por los muros de los trópicos. Papiros y nenúfares emergían de los estanques de plata. Soy metálico en el jardín botánico. La flor del paraíso se exhibía coqueta en la laurisilva canaria. Los diminutos bonsáis de Fe Li Ping movían sus ramitas para decirnos adiós.

Ya no hubo más preocupación. Había llegado, de súbito, el verano. Alegremente, los sorianos, se dispersaron por el laberinto madrileño en busca del sostén que da el alimento. ¡A zampar, señores!

18 horas:

Al Teatro Lope de Vega:

Musical: Los Miserables.

- ¿Pero, no había nada más arriba, oiga usted?

- Nos gusta estar cerca del cielo.

Lleno absoluto. Se apagan las luces. Se levanta el telón:

Duro castigo el de los penados. Jean Valjean había robado un pan.

-Y rompió un cristal.

¡Grave delito!. El dolor. La injusticia. La maniaca obsesión de un policía por castigar. La generosidad. La lucha revolucionaria por un mundo mejor. La muerte y el suicidio. Todo un abanico de pasiones humanas en un excelente musical. Magnífica puesta en escena. Agilidad. Buenos cantantes. Un estrepitoso aplauso final.

Telón. Es la hora del sueño.

A las 10, los sorianos embarcaban de vuelta a Soria. Cansados ¿Satisfechos?, ¿Quién sabe? El poeta Cavafis dejó dicho:

“Cuando emprendas el camino hacia Itaca, has de pedir a los dioses que tu camino sea largo y lleno de aventuras. Y, cuando al llegar veas la pobre isla, no digas: “Es solo una roca árida en el mar”. Ítaca te ha dado el Bello Viaje. Sin ella no habrías partido. Ella –tan pobre- te ha hecho rico. Rico en conocimiento. Ahora sabes lo que quieren decir las Itacas.



Agregar comentario
Comentarios