La Asociación Cultural "EL ALFAR" en colaboración con el CEPA Celtiberia organiza:
Excursión a Madrid
Dia 7 de Mayo, Sábado
Musical Cabaret
Plazo de preinscripción hasta el martes 19
- En el gimnasio Lunes-Martes-Jueves de 18:45 a 20:15 H.
- Por Whatsapp al 669 827667
Precios:
- Socios: 110 €
- Matriculados en el CEPA: 120 €
- No Socios: 130 €
Desconectar. Qué verbo tan necesario y tan esquivo. Hoy más que nunca, con el calendario encorsetado, la mente hiperventilando y las notificaciones al acecho, regalarse un silencio entre encinas no es un lujo, es una necesidad urgente. En pleno corazón de la sierra sevillana, existe un lugar donde la pausa no solo es posible, sino obligatoria. Se llama Finca La Capitana y tiene la virtud de parecer fuera del tiempo: la dehesa se estira hasta el horizonte, el sol acaricia la tierra sin prisa y los toros bravos pasean como si fueran dueños del paisaje. Porque lo son.
En tiempos donde todo corre, La Capitana propone caminar. En lugar de listas de tareas, encinas centenarias. En vez de tráfico, mugidos lejanos y el canto incesante de los pájaros. ¿Se puede pedir más? Sí: un salón con vistas exclusivas, un servicio impecable y la posibilidad de respirar hondo entre toros bravos. Es ahí donde empieza la experiencia: en esa intersección entre naturaleza brava y sosiego absoluto.
Y no se trata solo de pasar el día. Se trata de vivirlo. En este entorno mágico, alojado entre praderas y suaves colinas, emerge esta ganadería de toros bravos en Sevilla, una de las joyas más auténticas del campo andaluz. Aquí, donde la bravura se cría a fuego lento, también se cultiva la paz de espíritu. Porque sí, es perfectamente posible relajarse en una ganadería. Más que posible, es recomendable.
La arquitectura no grita; susurra. Y en el salón de La Capitana, cada línea, cada ventana, cada viga de madera está pensada para abrir el alma. El interior, amplio y elegante, se abre con generosidad a la dehesa a través de ventanales que van de suelo a techo. La luz lo invade todo. Los aromas del campo se cuelan con descaro y uno tiene la sensación de que, más que estar dentro de una finca, está dentro de una postal.
Con capacidad para más de 130 personas, este espacio es ideal para presentaciones, encuentros profesionales, celebraciones familiares o simplemente para dejarse abrazar por el campo. Es una sala sin pretensiones, pero con carácter. Tiene ese algo que solo ofrecen los lugares auténticos.
Y todo ello, enmarcado en la riqueza y variedad de la ganadería en Sevilla, donde cada jornada se rige por el ritmo sereno de la naturaleza y los ritos ancestrales de la cría del toro bravo.
La Capitana no se entiende sin su entorno. Aquí, la dehesa no es un decorado: es protagonista. Un ecosistema equilibrado donde conviven encinas, alcornoques, pastos, aves rapaces, ciervos y, cómo no, toros de mirada noble y cuerpo imponente. Aquí no hay jaulas ni artificios. Solo tierra, sol y vida.
Y si uno quiere aprender, esta finca lo cuenta todo: cómo se seleccionan los sementales, cómo se cuida a las madres, cómo se respeta la tierra para que la tierra lo devuelva. La Capitana es también un aula abierta. Una escuela sin pizarras, pero con lecciones que calan. Basta escuchar el silencio.
Para conocer más sobre el día a día de esta actividad milenaria, nada como dejarse llevar por las historias que recoge el blog de ganadería, donde cada artículo es una ventana abierta a un mundo que, aunque antiguo, sigue más vivo que nunca.
¿Una boda íntima? ¿Una cata de vinos bajo las estrellas? ¿Una reunión de empresa que inspire de verdad? Todo eso y más cabe en La Capitana. Porque aquí, cada evento es único. El equipo humano que gestiona esta finca entiende que un encuentro no es una serie de sillas alineadas y un discurso con PowerPoint. Es emoción, entorno, gastronomía y conexión.
Y eso es lo que ofrecen: experiencias completas, de esas que se recuerdan mucho después del brindis final. Desde un catering con productos locales —donde el jamón huele a sierra y el vino a cosecha mimada— hasta paseos en carruaje o rutas por la finca para descubrir sus secretos.
En un tiempo donde todo se etiqueta como “experiencia rural”, La Capitana lo lleva en la sangre. No hay simulacros, ni decorados falsos. Solo autenticidad. Aquí, el turista no es espectador, es parte del paisaje. Puede pasear, fotografiar, preguntar, aprender. Puede tocar la tierra, observar el ganado, sentir la historia.
Y lo más importante: puede parar. Parar para pensar. Parar para escuchar. Parar para sentir. Porque en Finca La Capitana, cada rincón invita a desconectar del ruido y reconectar con lo esencial.
Hay lugares que uno visita y olvida. Otros, sin embargo, se quedan pegados al alma. La Capitana pertenece a esta segunda categoría. Aquí, cada amanecer tiene un matiz distinto, cada paseo una enseñanza. No es solo una finca. Es una forma de entender la vida. Una forma que prioriza el respeto a la naturaleza, la dignidad del trabajo rural y el amor por las raíces.
Si busca una escapada con sentido, un lugar para respirar hondo o un escenario inolvidable para celebrar la vida, La Capitana le espera. Y no con la prisa de la ciudad, sino con el tempo pausado del campo. Porque hay vistas que se quedan en la retina, y otras —las de esta finca sevillana— que se alojan para siempre en el corazón.
En la Finca La Capitana, encontrará más que naturaleza. Encontrará autenticidad, belleza y esa paz que solo se siente cuando el móvil se queda sin cobertura pero el alma se llena de horizonte.
Le esperamos con las encinas en flor, los toros pastando y la dehesa lista para conquistarle.